Conferencia organizada por el Club Bonsái Madrid( 24 de Octubre de 2003)

La conferencia impartida por Agustín Soriano, dentro del programa de actividades paralelas a la XIX Exposición organizada por el CBM, trataba de uno de los aspectos más importantes, y a veces más olvidados, dentro de los conocimientos esenciales para todo buen aficionado al mundo del bonsái: El cultivo.
El cultivo es sin duda el fundamento de todo los demás. Tener un árbol sano y vigoroso es un aspecto “sine qua non”. Ninguna otra cosa es pues más importante y la charla de Agustín Soriano abordó todo lo esencial para asegurar un buen cultivo, y lo hizo con un lenguaje sencillo, directo y simpático que podía ser seguido incluso por el más novato de los asistentes. Agustín comenzó afirmando que toda su conferencia estaría dedicada a describir los cuidados básicos y puso, como ejemplo, el típico comienzo de todo aficionado al mundo del bonsái: “de alguna manera nos encontramos en casa con un pequeño árbol que nos han regalado y se nos plantea un primer problema esencial: ¡Qué no se me muera!”. Para resolver ese problema, sin tener demasiados conocimientos previos, lo mejor es aplicar una serie de reglas sencillas y fáciles de poner en práctica. Según nos dijo Agustín: “El regalo recién recibido se puede convertir en un objeto decorativo, que sólo vivirá algunos meses y luego morirá. La otra opción es más agradable: cultivarle adecuadamente”.
Agustín Soriano comenzó afirmando que para mantener vivo al nuevo bonsái sólo hacen falta dos cosas elementales: buscarle un buen sito donde el bonsái pueda vivir y regarle adecuadamente. Así la conferencia de Soriano comenzó analizando precisamente estos dos aspectos del cultivo.

Ubicación del bonsái
Lo primero que nos contó Agustín en cuanto a la ubicación del bonsái sonaba a broma: “Lo árboles no tienen patas”, pero en realidad era una simpática forma de fijar un concepto elemental: la estabilidad. Soriano continuó diciendo. “Y si no tiene patas es porque no necesitan desplazarse de un sitio a otro, así que lo que realmente les gusta es la estabilidad, por eso lo mejor es buscarle un buen sitio y mantenerle siempre en él”.
Su segunda afirmación también fue muy contundente: “No existen plantas de interior. En la Naturaleza ninguna planta está diseñada para vivir en el interior de una casa, así que lo mejor que podemos hacer es buscar un sitio al exterior para ubicar a nuestro árbol. No es necesario complicarse la vida, un pequeño bonsái no necesita demasiado espacio, pudiendo vivir incluso en el alfeizar de una ventana”.
Así que, incluso si se trata de una especie tropical, como puede ser una Carmona o un Ficus, sería preferible buscar una ubicación en el exterior aunque, en este caso, es deseable que se trate de un sitio en el que el árbol esté protegido de las duras heladas del invierno. Pero todavía puede ser peor que las heladas cultivar el árbol en el interior: “de alguna manera el bonsái se siente confundido, por un lado aprecia por la luz que se encuentra en el invierno, pero por la temperatura puede llegar a sentirse en primavera”. Así que siempre es deseable encontrar un lugar exterior, bien soleado, donde no hiele.
Pero no sólo es importante preservar al bonsái del hielo, también el tórrido sol de julio y agosto puede ser muy perjudicial. Así que si hemos elegido un lugar soleado lo más probable es que en esos meses sea necesario buscar algún tipo de protección. Se puede optar por utilizar un tejadillo que evite el “duro impacto” directo del sol , también podemos desplazar el árbol en la terraza, llevándolo de un lugar muy soleado a otro menos soleado, incluso, si no hay otra solución, se puede optar por desplazar el árbol a un interior, en un lugar próximo a una venta y manteniendo siempre el árbol bien pulverizado.

Riego
“Sin abono un árbol puede vivir. Sin podas un árbol puede vivir. Pero sin agua sus posibilidades de supervivencia son nulas”. Así comenzó Agustín Soriano la parte de su conferencia donde se trataba el segundo aspecto esencial para el buen cultivo de un árbol: el riego.
Un problema importante para decidir cuanto y como regar es que no existen reglas universales: “No es lo mismo Sevilla, que Madrid, que Gijón. No es lo mismo. Así que incluso hablando de un mismo ejemplar, las necesidades de agua de un árbol pueden variar de forma sustancial, por lo que la mejor solución consiste en observar al árbol y esperar a que sea él el que pida agua”.
Sin duda una de las mejores formas de decidir sobre la necesidad de agua consiste en observar el sustrato. “. . ., aunque si nuestro primer bonsái es un ejemplar recibido como regalo lo más probable es que el sustrato sea de muy mala calidad y puede engañarnos. Si el sustrato es demasiado compacto, no quedará más remedio que proceder a un riego por inmersión, pero si el agua penetra bien siempre será preferible regar de arriba abajo, de una forma mucho más natural y beneficiosa para el árbol”.
En condiciones normal, el riego debe realizarse siempre que se observe que la capa superior del sustrato se encuentra seca y esto, dependiendo de muchos factores y, especialmente de la estación del año en que nos encontremos, puede llegar a ser muy variable: una vez a la semana, tres veces a la semana, tres veces al día, . . . .
En todo caso, según nos dijo Agustín, “debemos tratar al bonsái como a un animal, es necesario observarle día a día para aprender a reconocer su lenguaje hasta llegar a saber entender cuado nos pide agua”.
Otra cuestión importante es: ¿con que regar?. Desde luego lo ideal sería utilizar agua de lluvia, pero eso puede llegar a resultar imposible si se tiene que regar a varios árboles, así que, en ciudades como Madrid, donde el agua corriente es de buena calidad, puede llegar a utilizarse simplemente agua del grifo, “aunque siempre sería deseable dejarla reposar 24 ó 48 horas, desde que se obtiene del grifo hasta que finalmente se emplea para el riego.
Al llegar a este punto Agustín hizo énfasis en que, simplemente atendiendo a estos dos primeros aspectos (ubicación y riego) podemos estar seguros de que, salvo casos excepcionales, el árbol no morirá.
Pero si lo que sea desea es algo más que la mera supervivencia debemos atener a otras dos temas que, aún no siendo esenciales para garantiza la vida de la planta, si resultan importantes para garantizar que el árbol se mantenga sano: la poda y el abono.

La poda
Según nos dijo Agustín, para un aficionado novato podar suele ser un acto muy difícil. En primer lugar se plantea siempre la duda “¿estaré cortando por el sitio adecuado?”, y después casi siempre viene una segunda cuestión “¿se morirá el árbol?”. Sin duda hay que tener valor para cortar sin estar seguro de las respuestas a estas dos interrogantes.
“¡Todos hemos pasado por esa etapa de miedo!, pero la verdad es que el árbol nunca se muere” – nos dijo Agustín – “Siempre que se realice una poda normal, lo peor que puede pasar es que se estropee el diseño del bonsái, pero, en general, la salud del árbol no se verá afectada: ¡Así que hay que perder el miedo!”. También nos comentó que la única forma de aprender en esta disciplina es a base de errores.
Otra cuestión a resolver es ¿cuándo podar?. Aún resaltando que en el mundo del bonsái no hay reglas fijas, Agustín nos dijo que, en general, para alguien que esté empezando, lo mejor es realizar dos podas anuales, una al final del invierno (febrero-marzo) y otra al principio del verano (a mediados de junio).
En la poda de invierno se deben buscar sitios donde nazcan más de dos ramas y, en cada uno de ellos, se deben suprimir todas las ramas menos dos ya que, en otro caso, el árbol terminaría produciendo bultos feos y desagradables.
Otras ramas que deben ser podadas son las que nazcan una a cada lado del tronco, produciendo un simetría indeseable, o las que nazcan hacia un lado “se den la vuelta y crucen el tronco”, o las que nazcan hacia el interior. En todo caso, no es necesario realizar la poda de todas las ramas malas en el mismo año. Siempre hay que dar prioridad a la salud del árbol: ¡En bonsái todo debe realizarse de forma muy lenta!.
También puede uno considerar una línea imaginaria que defina el perfil deseado y cortar “todo lo que se salga de dicha línea” para que, cuando el árbol brote, se obtengan brotes “dentro de la forma deseada”.
En cuanto a cuanto cortar, Agustín Soriano indicó que un principio general consistente en cortar más las ramas fuertes y menos las ramas débiles.
La segunda poda, es decir la poda del comienzo del verano, debe ser relativamente drástica, ya que debe cortarse prácticamente todo lo que haya brotado en el árbol en el año en curso, ¡pero respetando siempre dos o tres hoja en cada sitio donde haya habido brotes!.
Si el árbol está fuerte, sin duda volverá a brotar en ese mismo verano y, en esta ocasión debemos dejar crecer al árbol libremente, incluso si se sale de las proporciones ideales. ¡No es bueno realizar más de dos podas al año!, así que si después de la poda de junio se observa un crecimiento desagradable, se debe esperar hasta el próximo invierno para “poner las cosas en orden”.
De esta forma, año a año, el árbol irá adquiriendo cada vez un aspecto más apropiado, irá mejorando en cuanto a la calidad de sus hojas que, poco a poco, se irán haciendo más pequeñas y todo ello sin ir en detrimento de su salud.

El abonado
“Si repasamos lo descrito en el caso anterior podemos darnos cuenta de que estamos pidiéndole al árbol muchos esfuerzos: le pedimos que brote dos veces al año, le pedimos que crezca, le pedimos que tenga unas hojas saludables, . . . ¡pero hasta ahora no le hemos dado nada!”.
Es evidente que para que el árbol pueda responder bien a todos estos requisitos debemos darle algo a cambio: ¿qué?: ¡alimento!.
Según nos dijo Agustín podemos utilizar cualquier abono orgánico liquido o sólido, intentando, ¡eso si!, que no sea un abono especifico para bonsái ya que , normalmente esa etiqueta sólo indica que nos están cobrando más dinero por el abono de lo que realmente vale, pero no que realmente sea un abono especialmente preparado para un bonsái.
En principio, cualquier abono destinado a producir floración puede ser bueno para un bonsái, así que el aficionado novato simplemente debe comprar abono, por ejemplo, para geranios, y aplicarlo al bonsái de la siguiente manera: “se debe aplicar la mitad de la dosis indicada por el fabricante del abono, pero el doble de veces de lo que indique”.
Por ejemplo, si las intrusiones indican que debe aplicarse un tapón cada quince días, a nuestro bonsái sólo de daremos medio tapón pero, eso si, cada semana. En todo caso siempre es preferible pecar por defecto que por exceso, así que la regla de no poner nunca más de las mitad de la dosis indicada por el fabricante debe ser siempre respetada ya que las raíces de nuestro bonsái son un elemento delicado y precioso para asegurar su salud.
En cuanto al mejor momento para abonar, Agustín Soriano nos contó que debe empezarse en primavera, unas semanas después de que el árbol haya comenzado su brotación, luego se debe hacer un alto en el abonado durante los meses de julio y agosto, y finalmente volver a abonar desde septiembre hasta finales de octubre o mediados de noviembre.
Agustín insistió mucho en que “se debe empezar a abonar tarde, ya que un abono escaso en primavera producirá internudos cortos, más yemas y mejor ramificación secundaria: ¡justo todo lo que necesitamos para que nuestro bonsái tenga un aspecto interesante!”.
Siguiendo estos cuatro criterios (ubicación, riego, poda y abonado) tenemos asegurado que nuestro árbol sobrevivirá y se mantendrá dentro de “una forma deseable”.
“Pero – dijo Agustín – si queremos que esta situación se repita en el tiempo, es decir si queremos que nuestro bonsái sobreviva y se mantenga dentro de “una forma deseable” indefinidamente en el tiempo, debemos realizar una quinta actividad: ¡trasplantarle de vez en cuando!”.

El trasplantado
“Transplantar es mucho más fácil de lo que parece. En principio se debe proceder a eliminar absolutamente toda la tierra antigua, dejando la raíz completamente al aire (excepto si se trata de un pino)”.
Para eliminar toda la tierra antigua no es necesario comprar ningún tipo de herramienta sofisticada: “¡simplemente podemos emplear un cepillo de bambú de los que se utilizan en los restaurantes chinos!, y con él simplemente ir eliminando toda la tierra, poco a poco, hasta que la raíz quede completamente limpia”.
Este proceso de limpieza puede realizarse tranquilamente, sin ningún tipo de prisa, eso si, si se emplea demasiado tiempo debe aplicarse una pulverización con agua para evitar que la raíz se seque en exceso.
Una vez que esté la raíz completamente al aire, se debe extender toda ella alrededor del tronco para realizar una poda en la que emplearemos los mismos criterios ya descritos para las ramas: “Evitaremos raíces que crezcan hacia abajo o hacia arriba, eliminaremos raíces que den la vuelta, . . . lo ideal sería conseguir que las raíces crezcan uniformemente en todos los sentidos alrededor del tronco”.
En principio, de las raíces mas gruesas, debemos eliminar la mitad de la raíz (excepto en las confieras, en las que sólo se debe cortar un tercio de la raíz), respetando la norma que dice que siempre deben quedar raíces finas y pequeñas (por las que se alimenta el árbol).
Si, después de haber realizado la poda, se puede introducir el árbol en la misma maceta en la que estaba con anterioridad, se puede reutilizar, pero empleando un sustrato nuevo, que estará preparado con anterioridad al inicio del proceso de trasplantado, cumpliendo con una condición fundamental: debe ser un sustrato granulado.
Para preparar el sustrato puede emplearse sepiolita, grava volcánica, arena río, . . . . cualquier cosa inerte en la que los granos tengan suficiente grosor como para ser vistos a simple vista.
Antes de preparar el sustrato conviene lavarlo con agua para eliminar el polvo y, para garantizar un cultivo sencillo, puede ser conveniente mezclarla con un 25% de turba, de forma que el sustrato tenga suficiente capacidad de retención del agua de riego.

En cuanto a la mejor época para realizar el transplante, en principio, un aficionado novato, puede optar por realizarlo antes del comienzo de la primavera ( en febrero o marzo) pudiéndose incluso realizarlo en el mismo momento en que se realice el podado de invierno
Siguiendo estas sencillas normas, según nos dijo Agustín Soriano, cualquier persona sin conocimientos previos podrá mantener un bonsái de forma indefinida.
En cuanto a las mejores especies para iniciarse en el mundo del bonsái, Agustín nos recomendó que lo mejor es empezar por olmos, olivos, enebros . . . en todo caso se debe optar por una especie dura y autóctona y, si se compra como bonsái, es deseable realizar cuanto antes un primer trasplantado, ya que la tierra con la que suelen venderse en las tiendas especializadas son demasiado compactas y no son apropiadas para realizar un buen cultivo.

Conclusión
Para terminar, Agustín Soriano, nos dijo que el alambrado no forma parte de las técnicas de cultivo ya que su función es lograr un diseño adecuado, pero, en todo caso, si quiso realizar una afirmación para desmentir un bulo muy extendido.
“¡El alambrado no persigue reducir el tamaño de las ramas, ni del árbol en general”. En realidad el único objetivo del alambrado consiste en colocar las ramas de acuerdo al gusto personal e intransferible del propietario del árbol.
En todo caso, el alambre se debe dejar sólo el tiempo imprescindible para que las ramas vayan tomando la forma deseada, pero evitando que se claven en la madera. Sin perjudicar nunca la árbol. ¡Sin prisas!.
Entre los asistentes a la conferencia había novatos, aficionados sin demasiada experiencia e incluso algunos veteranos. Uno de estos últimos salía de la charla muy contento haciendo una afirmación que resumía muy bien todo lo que había pasado en la última hora:
“Me ha encantado la conferencia. Casi todo lo que ha dicho Agustín ya lo conocía, pero ha hecho una exposición tan clara y precisa que da gusto poder disponer de un resumen en el que se toca todo lo importante. ¡Y, además, sin medias tintas, ha dejado muy claros los puntos básicos del buen cultivo con afirmación contundentes y fáciles de aplicar!.”.

Fuente: www.bonsaimadrid.org

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